CAPÍTULO 1

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Tenía ganas de escribir sin límite de palabras por publicación, y voy a inaugurar este espacio de la web hablándoos de algo que me apasiona, la crianza con apego aplicada al veganismo en familia.

Me resulta muy complicado explicaros como lo hacemos con Maia en el tema vegano, sin explicaros qué tipo de crianza estamos llevando a cabo con ella día a día.

Y para ello, tengo que empezar desde el principio.

Cuando se juntan la crianza con apego y veganismo, nos adentramos en nuevos conflictos, la sensación es similar a la de caminar descalzas por una cuerda sin nada a lo que agarrarnos, en un lado de la cuerda tenemos la crianza respetuosa, y en el otro lado, el veganismo. Pero el veganismo moral, el de verdad, el que llevamos a cabo por motivos éticos. Tenemos que caminar recto por la cuerda para mantener el equilibrio en ambos lados, pero a veces, inevitablemente, nos vamos a balancear hacia uno de los lados haciendo que el lado opuesto adquiera flexibilidad. Es decir, intentaremos ser fieles a ambos lados/principios, pero a veces, tendremos que ser más flexibles en uno, para mantener intacto el otro… pero lo justo, para no caernos de la cuerda. (Me extenderé en este tema más adelante en los siguientes capítulos)

Dicho esto, si antes de ser madres/padres, nadábamos a contracorriente solamente por el hecho de ser veganas, cuando empieza la aventura de criar a una bebé vegan, nadaréis a contracorriente, sin brújula, sin chaleco salvavidas y rodeada de medusas bajo una tormenta eléctrica de desaprobación, juicios y comentarios muy molestos.

La crianza con apego… sabéis de que trata?

Criar en el respeto, el amor y la igualdad teniendo en cuenta  las necesidades de vuestro bebé y vuestras necesidades propias. En la crianza con apego, las familias no deberíamos estar en segundo plano, nunca. Ni las madres, ni los padres. La crianza con apego no significa eso. No es desvivirnos por nuestras hijas e hijos y saciar todos “sus caprichos”. La crianza con apego es una filosofía basada en varios principios que defienden el vínculo entre madres/padres e hijas/hijos. Entre ellos está el considerarles como personas con los mismos derechos que tiene una persona adulta, cuyas bases fundamentales son el amor y el respeto. Es brindarles las herramientas para que a lo largo de sus vidas fortalezcan su bienestar emocional y su seguridad, entre otras virtudes.

Suena bien, verdad? Y que malo puede haber aquí? Pues todo, queridas. Todo.

Desde el momento en el que sabéis de su llegada al mundo, hasta los tres años en los que probablemente sigáis dando pecho (si así lo habéis querido hacer) Probablemente todo, o casi todo, lo haréis “al revés”. La sociedad en la que vivimos no está acostumbrada a este tipo de crianza. Todo está estudiado para que nos incorporemos lo antes posible a nuestros puestos de trabajo y tienen un montón de productos que nos sustituyen a nosotras, y a nuestros pezones. Intentan romper la naturaleza de la maternidad con biberones y chupetes, sustituyen nuestros brazos por hamacas mágicas, leches preparadas, cunas de diseño para colocar en la otra punta de la casa con sus cámaras de vigilancia…

Todo está estudiado para arrancarnos a nuestras hijas de los brazos de la manera más rápida y  “confortable”

Pero cuando os escucháis, os dejáis llevar, y queréis hacer las cosas a vuestra manera, cuando vuestra maternidad/paternidad os grita desde las entrañas, cuando prestáis atención a vuestro bebé… ahí es cuando empezaréis a nadar a contracorriente.

No os obsesionaréis por enseñarle y corregirle, preferiréis observarla y aprender. No la regañaréis, intentaréis explicarle las cosas. No la castigaréis, porque sabéis que los castigos no sirven para nada. Le hablaréis en horizontal, a su altura, y no en vertical, desde la autoridad. La cargaréis en brazos siempre que quiera porque querréis “que se acostumbre” a ser querida, amada, escuchada y atendida.

Cuando un bebé pide brazos es porque lo necesita, porque quiere estar con vosotras, porque necesita vuestro afecto, vuestro cariño, necesita sentiros y oleros para estar tranquila y segura en ese momento. Y a no ser que tengáis una ciática monumental o tengáis algún tipo de impedimento físico… qué os cuesta? Qué os cuesta darle esa seguridad? Si yo le pidiese un abrazo a Mikel y en lugar de dármelo, me lo negase rotundamente “porque no quiere que me acostumbre”  sinceramente, qué pensaríais de él?

Pues para nosotras es exactamente lo mismo cuando le niega una madre o un padre los brazos a su hija. Una vez más, en nuestras hijas e hijos no aplicamos la misma lógica que en los adultos, les restamos derechos vitales, les negamos cosas que no nos gustaría que nos negasen a nosotras. Y no es justo.

Pero esto solo acaba de empezar… Después de plantarle cara al mundo y posicionarnos con pasos firmes y decididos en la crianza respetuosa con la cabeza bien alta, llega la hora de comer sólido, a los seis meses comienza la alimentación complementaria.

Tu madre con terror al BLW nivel “avísame cuando termine de comer que no puedo verlo”. La enfermera obsesionada con que los bebés tienen que ser gordos, que si la primera galletita, que si dale 300 kilos de comida triturada, que si mejor bates la fruta para que le llene más, ya le puedes meter el pan, los cereales… pero qué te pasa? te quieres comer a nuestra hija o qué? No miran ni el azúcar, no mencionan nada de la sal, no te informan nutricionalmente de nada útil, solamente se obsesionan con que engorden mucho y rápido. Es bastante surrealista la verdad…

Pero tiráis… tiráis como podéis sin saber lo que viene después… Con el comienzo de la alimentación complementaria , también llegará el momento que todas esperan. No podréis escapar de él, sus ansias vivas de escupir harán que les burbujee la sangre en las venas…

Necesitan soltarlo… necesitan saberlo… Necesitan miraros como si estuvieran oliendo a caca mientras os formulan su ingeniosa pregunta:

¿ah, pero entonces,  vais a obligar a vuestra hija a que coma lo mismo que vosotras?”

La pregunta no suele ser una pregunta de verdad, muchas veces la respuesta les da igual, solo querían opinar con disimulo para que os quede bien claro que están en total desacuerdo con vosotras. También os aviso que habrá quien os lo suelte mientras se fuma un cigarro al lado de su hijo mientras el pobre se abre un bollicao para merendar. Ese hijo, al parecer, sí ha elegido ser fumador pasivo y merendar la basura que le da su madre/padre en el parque, pero resulta que de repente, el plátano y las uvas de vuestra hija son el enemigo.

El veganismo es una elección, no es una imposición. Hasta ahí todo correcto. Pero claro, los bebés no eligen. Ningún bebe elige ser vegan. Como tampoco ningún bebe elige comer cadáveres de animales en estado de putrefacción condimentados a la plancha. El menú que va a comer un bebé, siempre va a ser impuesto por sus familias, sean veganas o no. Los bebés tampoco eligen  la guardería a la que van a ir, ni si quieren ser bautizados, ni si quieren llevar pendientes, ni si quieren bañarse 2-3 o 7 veces por semana. Los bebés no eligen. NUNCA. Nosotras, sus familias, somos quienes decidimos por ellos ya que ellos no están en situación de elegir nada, dada su corta edad.  No tienen la capacidad de planificarse sus menús semanales como tampoco tienen la capacidad de hacernos la declaración de la renta. Todas las familias obligamos a nuestras hijas e hijos a comer lo que nosotras queremos. TODAS.

Por lo tanto, si bajo tu punto de vista, mi hija está siendo obligada, siento decirte, querida, que la tuya, también.

No creo que hagas ninguna asamblea democrática con el resto de vecinos y familiares para planificar los menús de tu hija. Al igual que yo, SE LA IMPONES. Tanto mi hija que come garbanzos los jueves, como la tuya, que come alubias los viernes, están siendo OBLIGADAS. Las dos.

Nuestra única misión y lo único que debería importarnos a ambas, es el ofrecerles alimentos saludables y variados. Que es exactamente lo que hacemos nosotras.

Pero… y entonces? Dónde está la diferencia?

Pues te lo diré.

La diferencia está en tus prejuicios, en tu desinformación, en tu ignorancia y en tu falta de objetividad, que la tienes muy lejos de la realidad.

El día de mañana, si nuestra hija quiere comer carne, lo hará, no se lo vamos a prohibir. Pero, que pasaría si tu hija quiere ser vegana? Le dejarás serlo?

Plantéate esa pregunta, y según tu respuesta, verás quién impone a quién, quizás te lleves una sorpresa al darte cuenta de que la que está obligando a su hija aquí eres tú y no yo.

Estamos hartas de recibir mensajes de adolescentes que quieren ser veganas y en casa no les dejan. Nos piden consejos a escondidas. A todas esas niñas, en su casa, no les estáis dando a elegir, así que, perdonadme, pero no estáis en posición de opinar sobre nuestra democracia familiar. Si acaso, lo que deberías hacer es restaurar la vuestra.

En resumen…

Nadaréis a contracorriente al principio, porque el comienzo es lo más duro. Pero sabéis que? Llegaréis a un lugar donde no han llegado otras personas, el esfuerzo habrá valido la pena. Vuestros principios sacarán la bandera y aunque os hayáis sentido solas en el trayecto, la satisfacción de tumbaros con vuestra tribu/familia en la arena de vuestra isla desierta, a la que habéis llegado nadando con esfuerzo y sudor, va a ser la sensación más gratificante que vayáis a experimentar. Teníais razón. Ya lo sabíais pero ahora lo podéis confirmar. Podéis servir de ejemplo. Podéis seguir ayudando a vuestra causa. Podréis gritar Go Vegan hasta quedaros roncas, porque teníais razón. Habéis llegado, estáis sanas y salvas y os queda toda una vida por delante para seguir luchando por vuestros principios, por vuestros valores, y por quienes sois.

Informaos, leed, estad preparadas, tened vuestras armas cargadas con argumentos frescos, y nunca, nunca, nunca dudéis de vosotras mismas.

No estáis solas. Cada vez somos más las familias con principios y empatía.

Que nadie apague vuestros sueños.

Os abrazamos fuerte.